miércoles, noviembre 11, 2009

Cre(c)er

A los 11 años, cuando mi mamá me dijo que mi papá tenía cáncer. En ese momento mi niñez quedó botada en algún rincón del suelo.

Esto no quiere decir que haya cambiado radicalmente a partir de ese día. Mi vida siguió como siempre. No noté ningún cambio inmediato en mí. Y sin embargo, ya nada era igual.

Es difícil de explicar, fue una comprensión del mundo distinta. Era saber que mi padre se moriría y no poder llorar, no poder reaccionar. No poder sentir pena, ni rabia, ni lástima ni lata. Nada. Vacío. Y no saber cómo vivir con ese vacío. Era todo tan irreal. Y, sin embargo, el dolor de mi madre era tan real, tan palpable, que eso sí me afectaba, era lo único que parecía cierto. Todo lo demás: un caos incomprensible y silencioso.

Esa noción de que el mundo era así de caótico, que lo inesperado y fatídico estaba a la vuelta de la esquina y que ni siquiera mis propias reacciones al enfrentarlo era algo que pudiese controlar o, al menos, preveer. Nunca imaginé perder a un padre y no poder llorar, no poder sentir pena. Nunca. Nunca imaginé lo difícil que sería después. Asimilar el por qué no sentía pena, el vacío que dejó no al morir sino aún cuando todavía vivía. Comenzar a vislumbrar que así era el mundo, así, con la abuela artereosclerótica, con las compañeras de colegio crueles. Así. Una tormenta que no para cuando tú lo deseas o cuando tú necesitas un descanso. Para en un momento que también es inesperado, y hay que aprovecharlo para retomar fuerzas, para disfrutar las cosas buenas al máximo, para vivir con intensidad y pasión, porque en cualquier momento el cielo se vuelve a nublar.

Pero aún era una niña. Mi niñez, tal y como la conocía hasta ese momento, quedó hecha trizas con esos cambios. Pero acaso tomó otra forma. Una un poco menos inocente, quizás. Pero creo que aún guardaba una cierta ingenuidad para con ciertas cosas. Hasta que se enfermó mi mamá. Y entonces tuve que realmente vérmelas sola de cara frente al mundo. Todo lo que creía que tenía seguro, en esta vida que nunca fue muy segura ni estable, se derrumbó. Había que empezar de nuevo. Y aún entonces me negaba a crecer. A seguir adelante, aceptar las cosas, dejar atrás. No quería, no quería y no quería. Trataba de aferrarme a fragmentos de niñez con desesperación. Quería seguir creyendo que había gente que me podía cuidar, ayudar, que no estaba sola. Pero sí lo estaba. Tenía que hacerme responsable de mis actos no por los demás, no porque "mis papás me van a retar" o porque alguien se fuera a enojar conmigo. Tenía que hacerlo por mí. Desde entonces todo lo que emprendería en mi vida tendría que hacerlo por mí, no para satisfacer a otros o para que no se decepcionen ni para evitar sus reprimendas. Por mí, para estar bien, para sobrevivir, para seguir luchando. Para no volverme loca. Para no colapsar. Estuve conmigo misma más de lo que habría querido. Tuve que conocer los aspectos más oscuros de mi ser. Y a partir de esa oscuridad, ir encontrando la luz.

Aún entonces, la adultez no llegaba. Había mucho de lo cual no quería desprenderme. Había mucho de lo que no quería hacerme cargo. Estaba en un limbo entre lo que la vida me ponía en evidencia y yo no quería ver. Entre lo que era claro que tenía que hacer pero no me sentía capaz de hacerlo. Una parte de mí no quería avanzar. No quería crecer. No así. Quería retroceder hacia algún pasado mejor y quedarme ahí, quieta y acurrucada para que nadie descubriera que estaba en un sitio donde no debía estar, al cual ya no pertenecía. Tenía que dar los pasos necesarios para llegar al sitio del que sí era parte. Dejar de culpar a Dios, al destino, o a quien fuese y quejarme por su injusticia. Tomar las riendas de mi vida. Hacerme yo responsable, en vez de esconderme detrás de "lo que me pasó" y "lo que me tocó vivir". Necesité volver a caer un par de veces más, hasta casi volver a tocar fondo en ambas ocasiones para poder hacerlo. Hacerme responsable. Mejorar yo sola mis circunstancias. Aceptar lo caótico de la vida y que hay cosas que no podemos cambiar ni elegir. Pero hay otras que sí. Y son ésas y las decisiones que tomamos sobre ellas lo que realmente nos forma. Lo que me tocó vivir es parte de quien soy. Pero una parte aún más importante es lo que yo he elegido para mí misma y lo que he hecho para lograr lo que anhelo.

Elegí salud. Elegí cordura. Elegí una carrera. Un trabajo. Un hogar propio. Estabilidad. Sentirme segura. Sentirme feliz. Sonreír. Crear. Crecer. Cambiar.

No importa lo que pase. No importa qué acontecimientos más allá de mi control ocurran en este caos que llamamos vida. No importa si hay nuevas tormentas o más días soleados. Yo sé lo que elegí y qué pasos di para lograrlo. Sé que puedo volver a hacerlo cuantas veces me lo proponga. No importa cuanta oscuridad pueda deparar el futuro. Ya aprendí a hallar luz en ella, mi propia luz. Y nadie me lo puede quitar.

domingo, noviembre 01, 2009

Universo paralelo

Cuando algún amigo o amiga me habla sobre sus padres, a veces me ocurre que no puedo evitar pensar en mi mamá. Pero realmente me ocurre sólo a veces, pues creo que la tengo un poco bloqueada de mis pensamientos cotidianos. Cuando pienso en ella, generalmente lo hago de manera superficial, como muy "por encima", pues pensar en su situación de manera más extensa hasta el día de hoy me provoca angustia. Quizás no sea la mejor manera de lidiar con eso, pero así me las he arreglado estos años para no desesperar por el tema y volverme loca yo también, manteniéndola un poco marginada de mis pensamientos. De alguna manera nos las arreglamos todos para sobrevivir, quizás no siempre de la mejor forma, pero al menos de alguna que nos resulte efectiva.
Dicho esto, cuando mis amigos me hablan de sus padres separados que han rehecho su vida y encontrado una nueva pareja, de repente, muy de repente, se me ocurre preguntarme si en un universo paralelo la vida de mi madre no habría podido ser simplemente así. Sé que nada se saca con los "que hubiese pasado si", la vida es lo que es y punto, pero no lo pienso con rabia ni tristeza ni como un reclamo hacia Dios/destino/Alá/como quiera llamarle. No, sólo se me ocurre, tal como se me ocurre "¿qué habría pasado si hubiese salido rubia y de ojos azules como mi papá?" o "¿qué tal sería mi vida si hubiese nacido en Islandia?" y otras boludeces.
Se me ocurre, así como quien no quiere la cosa, que la vida de mi mamá en ese universo paralelo podría haber sido más simple. Sólo enamorarse de un hombre, sin matrimonio previo de él, hijos y tanta historia complicada. Sólo enamorarse y casarse y ver como el tiempo pasa, las relaciones se desgastan, te gana el tedio y la costumbre y la rutina y eventualmente lo que los unía desaparece. Divorciarse, la hija ya está grande, puede entenderlo, y cada uno retoma su vida por otro lado.
Sé que no es tan fácil como suena, que es una realidad difícil para muchos. Pero lo mismo me lo sigo imaginando. Me la imagino con una nueva pareja, riendo, tomando café por la mañana, saliendo a trabajar. Despidiéndose de mí con un beso, porque todavía vivimos juntas sin problemas. Su pareja nueva me cae bien, es un buen tipo, la quiere, me quiere, quizás no es el hombre perfecto, no hablan de nuevos hijos o matrimonio porque ambos ya cerraron esa etapa de sus vidas y sólo buscan compañía y cariño mientras envejecen. Sólo eso, una vida menos trágica, en la que no se convierte en algo así como heroína de un drama de Shakespeare, en el que Ofelia no enloquece al creer que perdió al gran amor de su vida. Sólo una historia en la que el amor y tantas otras cosas no terminan por destruirla. Sólo un poco menos de tragedia literaria y un poco más de cotidaneidad, de monotonía.
Sólo eso, me lo imagino unos segundos, me lo permito, porque puedo, porque es un pensamiento random sobre ella que no quiero deshechar o bloquear como hago con muchos otros. Porque se me ocurrió no sé de donde y no es terrible, es sólo una idea, una opción mental entre muchas otras. La dejó vivir unos segundos, quizás un minuto, luego la escribo aquí y la deshecho mientras me tomó mi té y espero que salgan los resultados del fútbol de España. Ya no más, se fue. Suficiente pensamiento sobre mi madre por hoy.

domingo, octubre 11, 2009

Del amor y otras hierbas

Dentro de unos días se casa una amiga. Esto me genera una sensación medio extraña porque es la segunda amiga de mi edad que se casa este año. Bueno, tiene un año más que yo, pero da lo mismo. Y me hallo a mí misma pensando sobre el matrimonio, o el "sagrado vínculo" como me gusta llamarlo en broma. Pero no pensando en él de la forma que podrían imaginarse.
Fui criada para ser independiente. Toda la vida me lo repitieron hasta que les dio hipo. Que yo era inteligente, mi familia quizás no me dejaría mucho capital económico, pero sí capital humano, que debía aprovechar. Debía estudiar, ser profesional, y jamás depender de un hombre. Tenía que ser capaz de valérmelas por mí misma para hacerme respetar y no tener que depender de nadie.


Con esta idea en la cabeza nunca pensé mucho en el matrimonio al crecer. No conscientemente, al menos. Creo que al imaginarme mi vida soñada, siempre me imaginaba una exitosa carrera, viajes por el extranjero, una vida similar a la de mi padre, en resumidas cuentas. El era el modelo a seguir. Pero también tenía ciertos ideales románticos bien en el fondo. Vivir un gran amor, como lo hizo mi madre. Crecí pensando con admiración en ese "gran amor", el único de la vida, el que tienes que seguir y por el que tienes que jugártela bajo riesgo de arrepentirte toda la vida. Hasta que comprendí lo perversa que podía ser esta noción en ciertos casos.
Quiero enfatizar el "en ciertos casos". La idea del gran amor de tu vida sigo encontrándola muy linda. Pero el gran amor que yo miraba como ejemplo, el de mis padres, tiene mucho de perverso. Mi madre dejó que ese amor practicamente la destruyera. Aguantó mucho más de lo que debía. Me costaba entender cuando era chica y yo pensaba en ese "gran amor" con tanta admiración, por qué mi mamá parecía más advertirme contra él que incetivarme hacia él. Pero yo me hice mis propias ideas, y las cambié solita después, cuando la entendí un poco mejor, dejando de lado el romanticismo.
Mi madre siempre me dijo que debía ser práctica (cualidad por la cual ella no se ha caracterizado mucho). A mí el romanticismo siempre me pareció más atractivo que el lado práctico y me enojaba un poco al oírla decir que debió haber elegido a un padre mejor para mí. "Entonces el producto no sería yo", contestaba enojada. Pero ahora veo que el tema iba para otro lado. Para todo lo que aguantó y lo poco que recibió por muchos años. Para el hombre que se fue a morir donde su ex mujer, en vez de elegirnos a nosotras. Para la sensación de traición que siento que eventualmente destruyó a mi mamá, y le envenenó el recuerdo de ese "gran amor".
No quiero acá construirle una estatua a una y condenar al otro. Los dos cometieron aciertos y errores y quién soy yo para juzgar. En mi historial amoroso me he dado cuenta que muchas veces he sido incapaz de actuar con sentido común, y me he dejado llevar por enredos de sentimientos que ni yo misma entiendo hasta después de que el tiempo ha pasado, y que el ensayo y error han sido mi única forma de aprender las cosas. La experiencia de ella sólo me sirvió para tenerle miedo a algunas cosas y, pese a que la lógica me decía que no lo hiciera, poner en un altar ciertos valores que logré rescatar de su historia.

Así crecí con una mezcla de anhelo por el gran amor y temor a que éste te destruya. Así viví algunas de mis relaciones pasadas, y así el día de hoy reflexiono al respecto e intento conciliar todo lo que debe ser conciliado. Mi historia la escribo yo. No puedo dejar que el miedo se quede con lo mejor de mí para ciertas cosas, pero tampoco puedo mantener esa admiración desmedida por valores francamente trágicos. Yo no quiero una tragedia. Tampoco quiero un cuento de hadas. Quiero mi historia, escrita con sencillez, en la que cada uno hace lo mejor que puede e intenta aprender de sus errores. Me gusta ignorar el final, porque significa que aún queda tanto por escribir. Pero me gusta sentir que al menos ya tengo la introducción lista.

PD: Al final no escribí nada de matrimonio, no directamente al menos. En realidad solo quería decir que ni lo temo ni lo anhelo, mi historia tiene otras prioridades. Y una de ellas es el vivir el día a día, ya veremos cual es el resultado final. Y brindare por mi amiga, que se ve muy feliz y enamorada, claro que sí, y le deseare lo mejor escribiendo su propia historia.

jueves, octubre 08, 2009

Adormecimiento

Quiero deshacerme de esta maldita inactividad respecto a mi tesis. Parece fácil, onda "si realmente lo quieres, pues empieza a trabajar en ella y no te quejes". Pero no es tan así. El trabajo inicial debe ser documental y hay días en los que avanzo, pero lento. Me desespero y hay días en los que lo postgro, en los que ni siquiera quiero pensar en eso. Sé que es el drama de todo el mundo con la tesis, pero yo siento que para mí es la continuación de algo más, de una actitud que he tenido muchas veces antes.
Es algo que me ocurre desde tercero medio. Me cuesta definirlo, no logro ni siquiera ponerle nombre, porque es algo más que la simple paja, aunque casi siempre lo llamo así. Es como que entre más sé que tengo que hacer algo, menos lo hago, más lo postergo. Fui así con el estudio de muchas pruebas y muchos trabajos, pero nunca me cago a la gente con la que trabajo en grupo, esas responsabildiades siempre las cumplo a tiempo. Pero cuando yo soy la única afectada, es como si no me importara.
Hace un tiempo Nacho me contó que él vivió algo similar por algún tiempo en la universidad y me quedó rondando la idea. Es como no querer comprometerse con nada, mantenerse en un adormecimiento en el que nada te importa, no quieres hacer nada. A ratos me digo a mí misma que quiero dejar de ser así y pongo muchas energías en dejar esos hábitos y hacer las cosas. Me resulta por un tiempo y luego vuelvo al adormecimiento, al "no importa, lo hago después" a no querer involucrarme, comprometerme. ¿Por qué? ¿De dónde viene esto? ¿Cómo lo soluciono para siempre?
¿Quizás tenga que luchar con esto toda la vida? Me rehúso a pensarlo. Antes yo no era así, cuando se desataron las crisis en mi vida me volví así. Ahora que no estoy en crisis quiero solucionarlo para siempre y no sé cómo. No sé qué hacer para que el esfuerzo no quede ahí, en algo de unas pocas semanas o a lo sumo meses que luego se pierde. Como si la energía inicial que puse en involucrarme, comprometerme y ser constante y responsable se fuera apagando. No es tan simple como decir que tengo que realmente proponérmelo, que si el esfuerzo falla es porque no e lo popuse nunca realmente en serio. Siento que hay algo más profundo, que quiero sacar, pero no sé qué es.
La tesis en sí no me preocupa, aunque sea a última hora y estresada sé que la voy a terminar. Me preocupa el resto de mi vida. Quizás no sea algo tan grave si finalmente hago lo que sea que hay que hacer... pero simplemente no quiero conformarme con eso, quiero más, sé que puedo dar más.

viernes, septiembre 25, 2009

Divagaciones de Septiembre

Ayer me estuve acordando de algunas cosas de la básica. No sé por qué, eran puras divagaciones mientras estaba en la micro, en realidad. Me empecé a acordar de cosas como la tortura que era ir a educación física (no es que eso cambiara mucho en la media), y de una vez que una profe jefe nos preguntó a varias niñas por qué teníamos tan bajos promedios en ed. física y parece que era porque faltábamos mucho.

Con eso me acordé de otras cosas de la misma profe jefe, como por ejemplo que ella fue la que tuvo que preguntarme que cómo estaba yo después que murió mi padre. Yo estaba muy tranquila y recuerdo que me dijo que era muy madura. Nunca me pareció maduro. Maduro habría sido estar lidiando con el dolor de manera tranquila. Pero yo no estaba haciendo eso. No sentía dolor. No sentía nada.

Recuerdo cuando supe que mi padre tenía cáncer y que se iba a morir.. De nuevo, la misma sensación. De que eso no me estaba ocurriendo a mí, que era irreal, lejano. No irreal como cuando te pasa algo muy malo y piensas "esto no me puede estar pasando". Yo sabía que me estaba pasando pero aún así lo sentía muy lejano, como algo que no era parte de la realidad, que habría leído en un libro o visto en una película. Sentía como el eco de lo que ocurría. Pensaba que mi padre se iba a morir y no me provocaba nada. Era como repetir cualquier otra palabra sin significado. "Se va a morir". Y nada. No había dolor. Ni rabia. Ni sensación de injusticia. No había nada. Como si no me estuviera pasando a mí.

Sin embargo, el dolor de mi mamá era muy real, era algo terrible. Presenciar la vulnerabilidad de una persona que toda tu vida hasta ese momento se mostró tan fuerte, tan dispuesta a ser ella quien te protegía a ti, quien te consolaba cuando llorabas, y de pronto ella está ahí llorando, ella siente dolor y tú tienes que consolarla. Me rompía el corazón, me sobrecogía por completo, eso sí me afectaba y me dolía presenciarlo. Pero la muerte de mi propio padre no. No podía tomarle el peso. ¿Qué iba a saber yo en ese tiempo? Que todos después se dedicarían un par de años enteros a repetirme lo mucho que me parecía a él. Eso, como un año después de su muerte, fue lo primero que me hizo tomarle el peso al hecho de que él ya no estaba. Querer voltear a verificar ese parecido y no encontrarlo. Pensar que pese a sus ausencias, este hombre fue mi padre y no estaba para que ni siquiera tuviéramos la posibilidad de tener una relación un poco más unida de la que tuvimos. Siempre pienso que en eso tiempo cuando por fin lloré, lo hice sin extrañar lo que tuve, sino lamentando lo que ya nunca tendría.

Es raro recordar esto ahora. Ya no me hace llorar pensar en esto. Hace tiempo que superé esa sensación de injusticia, ese "¿por qué?", esa falta de resignación a su muerte, y esa rabia porque nunca estuvo ahí cuando vivía, porque no pude extrañarlo cuando se fue, porque en el fondo siempre dudé de si me quería. Todo eso pasó, ahora lo recuerdo, pero ya no lo siento. Ahora recuerdo a mi padre dentro de divagaciones que inicialmente no estaban relacionadas con él. Y, hay que decirlo, se siente bien. Se siente bien haber podido dejar ir a su fantasma. Pero a veces lo recuerdo, aunque sea dentro de estas divagaciones. Y está bien recordarlo. Y está bien pensar en él y que no sea un cataclismo, que sólo sea eso, pensar en él. Pero entender que ya pasó, que no hay nada que hacer, que no queda nada más de qué lamentarse, que la pena y la rabia que estuvieron bloqueadas por todo ese tiempo en que supe que iba a morir y luego por un año después de su muerte, lentamente salieron durante los 9 años siguientes, pero salieron, ya no están en mí, ya las boté y puedo recordar tranquila, sin buscar nada. Sólo recordar. Porque a veces te acuerdas de algunas cosas, nada más. Dentro de otras divagaciones de septiembre.

martes, septiembre 22, 2009

Entre cambiar y seguir igual

Mi vida se ha llenado de cambios en el último par de años. Pero en el fondo mucho sigue igual. Quizás requiera una acción radical de mi parte llegar al fondo del asunto y arreglar ciertas cosas o quizás sólo necesite tomar más el control y ser más decidida en ciertos aspectos.

Pero aquí estoy, en el mismo trabajo pero con un cargo distinto. Horarios distintos y sueldo distinto. Mayores responsabilidades en ese aspecto.

Tratando de recuperar mi figura del 2006 aunque falta harto todavía (se podría decir que estoy a mitad de camino), pero parece que voy bastante bien y la gente comienza a notar los cambios.

Estabilidad amorosa, definitivamente un cambio en mi vida. Me siento tranquila y segura con mi relación, no que es algo caótico que en cualquier momento puede colapsar (como una extensión de mi vida personal/familiar) como me pasó antes (digo esto sin ánimo de ofender a nadie, en serio).

Y bueno, cumplí recientemente un año en el dpto. Aumento en la estabilidad personal. Pero sigo teniendo pesadillas e ideas angustiantes respecto a mi familia. A veces, simplemente, no sé si algún día pueda quitármelas. Ultimamente el foco se ha desplazado de mi mamá, sin embargo. Me preocupa mi abuelo, y mucho. Pero definitivamente ahí no puedo hacer nada, para la vejez y el paso de los años no hay cura. Tengo que aceptar simplemente que el hombre que ha sido lo más cercano que tengo a un padre no va a estar aquí para siempre. O no va a estar al 100%, cosa que día a día se nota más que ya va ocurriendo.

En fin, he decidido buscarme terapia o algo. Quiero consolidar los cambios que me guian hacia la estabilidad, y para eso aun necesito resolver cosas. Quiero ser una persona cada vez mas estable y sana en todos los aspectos posibles. Quiero construir mi futuro sobre bases solidas, y no sobre una base endeble como tantas veces lo intente hacer antes, con estrepitosos resultados. Creo que esta vez estoy lista. Esperemos que asi sea.

domingo, septiembre 13, 2009

Siento

En este minuto siento muchas cosas. Rabia, pena, frustración, derrota. Siento que lo que doy no es suficiente y no sé cómo cambiarlo. No sé cómo hacer más, cómo dar más, sólo sé que tengo que hacerlo, para no perder lo más importante que he hallado en mi vida, para no dañarlo, para no fallarle. Siento que trato de mejorar, crecer, cambiar. Pero no voy al ritmo que debo ir. Voy más lento o mis avances no son los suficientes. Siento que fallo. Que hago lo que puedo, pero no basta. Necesito poder más.

Me siento en un callejón sin salida, en el que ninguna de las alternativas posibles solucionan nada. Siento que fallo y que no hay nada que pueda hacer para dejar de hacerlo. No por ahora, al menos.